Viene a cuento todo esto porque es en Madrid donde se originan movimientos sísmicos que acaban afectándonos a todos. Madrid, la Capital, crea opinión, dirige, menosprecia, fulmina, ataca y destruye todo lo que no le plazca. Ha nacido una maldita clase periodística y mediática tan salvaje que parecen todos alacranes metidos en un tarro pequeño. Se muerden, se despellejan pero van a una contra el enemigo exterior.
Pobres de nosotros, catalanitos de la periferia, si se nos ocurre rebotarnos. O si el Barça gana títulos. O si pedimos lo que es nuestro. De repente se abren las fauces del monstruo y llegan improperios, ataques y descalificaciones. Atacan al nacionalismo con saña sin aceptar que ellos son los peores nacionalistas. Estoy esperando ver cómo descorchan botellas de cava (algunos de champagne, no olvidan el boicot) cuando el Tribunal Constitucional tumbe el Estatut.
Ahora se corren de gusto pensando que PSOE+PP echarán al PNV de la Lendakaritza del País Vasco. Y no les digas que eso son pactos contra natura. A ellos les parece bien, pues son buenos, punto y aparte. La aritmética manda cuando ellos así lo creen, pero es una aberración cuando otras opciones que no les gustan (por ejemplo el tripartito catalán) se imponen. Sientan cátedra en todo lo que dicen y saben. Saben de leyes, de política, de economía, de fútbol, de sucesos y de ¡Dios sabe cuántas cosas más! España es lo que ellos quieren, dicen y saben, los demás a callar y aceptar su centralismo jacobino. Se llenan la boca de España pero para ellos solamente es un apéndice de su terrenito, provincias que ellos llaman.
Fascinante la hipocresía que calzan cuando te pones a hablar con ellos. Todos son demócratas convencidos, tolerantes y respetuosos de las minorías. No hablan el catalán en la intimidad pero casi. Cuando pasa el rato, les das cancha y les sale la fiera que llevan dentro. Se van deslenguando y acaban retratados como lo que son : bravucones intransigentes sabelotodo.
Mención aparte se ganan a pulso los taxistas de Madrid. Casi debes pedir perdón por no ser de Madrid, y no tener puñetera idea si se llega antes a la Plaza España por San Bernardo o por la Glorieta de Bilbao. Te pregunta, contestas que no sabes, y la mirada de desprecio que te lanza a través del retrovisor no tiene precio. Siempre sintonizando la COPE o Carlos Herrera, con chulería extrema en el habla y la conducción. Madrid es una mierda mientras ellos te lo cuentan, pero no te atrevas a darles la razón, porque pasan a morder.
Alguien estará esperando que me meta con el Real Madrid, al que obviamente odio como buen culé. Pero no pasa de ser una rivalidad deportiva sana. Lo malo es cuando aparece el madrileñismo, con toda esa reata de periodistas deportivos infumables que pueden hacerte odiar a Gandhi. El Real Madrid como tal no me molesta.
Sentimientos que albergo, en fin, a pesar de que sigo adorando Madrid. Lo preocupante es que esta violencia emocional crece y crece y no parece tener límite. No sé si fuera de Catalunya se percibe ese ataque fiero y sistemático pero me da la sensación de que estamos perdiendo terreno que ha costado años ganar, y va a ser difícil, por no decir imposible recuperarlo.













